Mayo y Junio son dos meses muy benévolos
- en cuanto a días festivos se refiere - para aquellos que trabajamos y vivimos
en Alemania. Con motivo de uno de esos largos fines de semana, M y yo decidimos escaparnos a la región
del Algarve Portugués, al sur del país,
en busca de sol y temperaturas más suaves que aquellas de las que habitualmente
disfrutamos en Centroeuropa en ésta época del año. El destino elegido para
pasar los cinco días del puente de finales de Mayo fue Faro, principalmente por
la comodidad del viaje y los precios económicos que ofrecen las conexiones
directas entre Faro y la ciudad del Rhin (en vuelos operados por Germanwings y Ryanair) Billetes en mano y con el apartamento reservado en Quarteira
(con Airbnb), decidimos alquilar un
coche para movernos por la zona, aunque el principal objetivo del viaje era
disfrutar de unos días de playa, de la buena gastronomía portuguesa y de descanso.
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Abandonamos Colonia con destino al sur de Portugal |
Una vez en nuestro destino, la climatología
nos jugó una mala pasada; cuando en Colonia
se registraban temperaturas por encima de los 25 y hasta los 30 grados, en el Sur de Portugal echamos de menos la ropa
de abrigo (jerseys, chaquetas…) que se había quedado vigilando nuestro
apartamento a miles de kilómetros. Las chanclas, bañadores y camisetas de manga
corta tuvieron que esperar pacientes en el apartamento, una mejoría del tiempo
que no llegó, y nuestro plan inicial de descanso y playa tuvo que ser alterado,
así que nos lanzamos a descubrir la región, mapa en mano y con poco más.
En el aspecto gastronómico, el
viaje respondió a mis expectativas (M,
por el contrario, no quedó contenta en absoluto): mis particulares jornadas del
bacalhau no defraudaron, y pude
degustar este característico producto de la cocina portuguesa preparado de distintas
maneras. Como punto negativo al respecto, el largo tiempo que tuvimos que
esperar en los restaurantes, tanto para almorzar como para cenar, independientemente
de donde se encontraran, con un tiempo medio de espera en torno a los 30-40
minutos (llegó a ser más de ¾ de hora en Olhão, y el tiempo menor fue de 25
minutos en Quarteira) y eso que en la mayoría de las ocasiones comimos a
destiempo y los restaurantes se encontraban prácticamente vacíos. Un mal servicio
que no esperaba, ya que nunca hasta la fecha había tenido esa mala experiencia
en ninguna de mis numerosas visitas a distintas regiones de Portugal.
Olhão
Pequeña
municipalidad con menos de 50.000 habitantes, puerta de entrada al Parque Natural da Ría Formosa, una de
las consideradas 7 maravillas naturales de Portugal…después de visitar el lugar
tengo mis dudas respecto a dicha consideración. El Parque Natural es conocido por ser el hogar de unas 20.000 aves
durante el periodo invernal, en una zona formada por 5 islas barrera y dos penínsulas.
Las mejores vistas del Parque se obtienen desde el aire, al aterrizar, y es que
resulta ciertamente extraño que un Parque
Natural destinado a la conservación de aves se encuentre en plena senda de
descenso hacia el aeropuerto internacional de Faro. Por si ello no fuera suficiente, las vías del tren
recorren gran parte el recinto “continental” del Parque; además, cientos de
barcos turísticos surcan sus aguas inundando el ambiente del ruido y la polución
originada por sus motores…con todo esto (aviones surcando el cielo, trenes, barcos,
ruido…), la región parece cualquier cosa menos un Parque Natural.
Faro
La
capital de la municipalidad de Faro
(que cuenta con unos 70.000 habitantes), destaca por su centro histórico (Vila-adentro), un recinto amurallado al que
se accede por el Arco da Vila y que
resulta encantador de visitar, con sus empedradas y estrechas calles, repletas
de edificios tradicionales portugueses y con la catedral de Faro como principal reclamo de la ciudad. Al margen, visitamos la zona del puerto...!y
poco más! Y es que Faro, pese
a ser el punto de entrada en la región del Algarve,
rara vez suele ser lugar de visita para los viajeros que llegan sedientos de
sol y playa a esta región del sur de Europa, viajeros que abandonan la
localidad nada más llegar ya que la Ría
Formosa separa Faro del océano
Atlántico y sus playas…una distancia insalvable.
Loulé
Pequeña localidad
de interior donde se puede visitar su tradicional mercado de productos frescos
(muy español, pero que a los turistas del resto de Europa les llama mucho la atención)
y las ruinas de la fortaleza que protegió la ciudad en otros tiempos.
Quarteira, Vilamoura,
Olhos de Agua y la playa de Falésia
Tres
localidades cuyo principal reclamo son sus playas. Quarteira únicamente ofrece un paseo marítimo – Avda. Infante de Sagres, con una más
bien escasa oferta gastronómica – y un puerto de pesca, cuyo acceso se encuentra
cerrado a los visitantes (para mi desgracia...)
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Estupendas vistas desde nuestro apartamento en Quarteira, Torre 20 |
Vilamoura, cuyo límite con Quarteira no está bien definido ya
que ambas localidades se encuentran comunicadas, ofrece un casino (intento estéril
por dotar de un aire de mayor exclusividad a la ciudad), y constituye el punto de
acceso oriental de la preciosa playa de Falésia,
una larga playa de casi 6 Km de longitud de fina arena dorada y aguas
cristalinas. Sin embargo lo que verdaderamente hace especial esta playa son las
formaciones rocosas que se alzan en su extremo occidental, cerca de Olhos de Agua: formaciones de
colores ocres y rojizos que dotan de una personalidad única a esta zona del
Algarve. Desde la playa de Olhos de Agua se puede acceder a la playa de Falésia, primero subiendo por
la cercana colina que sirve de límite natural a la playa de
Olhos, y luego caminando por los acantilados al borde del mar que comunican
ambas playas. Consejo: atentos a las mareas; nosotros pasamos por los
acantilados en un sentido, pero no pudimos regresar porque la marea había subido
cubriendo el “camino” entre ambas playas, por lo que tuvimos que regresar a Olhos de Agua por un camino
alternativo (suerte de escaleras...) A pesar de los inconvenientes, el lugar ofrece una de las vistas más
espectaculares del litoral sur de Portugal y bien merece tomar el riesgo de aventurarse a descubrir sus acantilados.
Albufeira
Localidad que se adapta a la
caprichosa geografía de la zona y que se puede considerar como el verdadero
epicentro turístico del Algarve portugués: decenas de restaurantes, tiendas,
bares y pubs inundan sus calles, junto a los miles de turistas que alimentan la
industria turística de la localidad. Albufeira
supone el contrapunto, en cuanto a animación se refiere, a la tranquilidad
ofrecida por Quarteira; debe de
haber un punto intermedio entre ambas localidades…
Lagos
Al sur de la localidad, en los Acantilados de Lagos, se puede disfrutar
de las mejores, más hermosas y características vistas del litoral portugués.
Las caprichosas formas que ofrece el escarpado litoral son el principal y más
conocido reclamo turístico de la zona. Desde el mirador del faro de Ponta da Piedade se pueden hacer unos
cuantos paseos sobre lo alto del acantilado para observar y maravillarse con
las características formaciones rocosas que emergen del mar, dando lugar a
formas fascinantes y cavidades horadadas por la fuerza del mar a lo largo de
los años. En las proximidades se pueden visitar diversas playas enclavadas
entre formaciones rocosas, como la Praia da
Balanca o la Praia dos Pinheiros,
sin duda la mejor carta de presentación de la región. Le peor, las hordas de
barcas que surcan estas aguas e infestan las cavidades interiores de las
cuevas, una actividad turística desmesurada que le quita mucho atractivo a este
maravilloso enclave natural (que no es ni tan maravilloso ni tan natural cuando
la vista solo alcanza a ver embarcaciones turísticas discurriendo entre las
formaciones rocosas…una pena)
Al final, como de costumbre, no descansamos todo lo que nos hubiera gustado...por suerte tenemos una nueva oportunidad en Junio; para la ocasión viajaremos a Reykjavik, una vieja conocida. ¡Ya veremos! Nos despedimos del Algarve con la misma imagen que nos recibió, la del Parque Natural da Ría Formosa.